Estimados hermanos y hermanas nuevamente es un gusto para mí el poder dirigirme a ustedes por este medio ahora que estamos a unas horas de celebrar el nacimiento del Niño Jesús que viene a salvarnos y a llenarnos de esperanza y de un modo nuevo de ver la vida.
Y digo de un modo nuevo de ver la vida y de encontrarle sentido, porque en nuestros días muchas personas no sienten la necesidad de Dios en sus vidas. Hay hermanos nuestros que cuando oyen hablar de Dios, de religión, de misa, del sacramento de la reconciliación, les parece lo más nefasto y fastidioso que puede existir. Hay una necesidad urgente de conocer a Dios. Se exhorta a prepararse para los Sacramentos, de leer la Biblia, de formarse en la Religión.
Ante esto uno se encuentra a personas que dicen, ¿Para qué tantos obstáculos o trabas para una recibir un sacramento? Viendo esto como un mero requisito. Como si la vida de “gracia” fuera solamente un requisito. Pienso que debido a esta mentalidad se está educando a muchos niños y niñas a vivir sin Dios.
En un párrafo de la carta de San Pablo a Tito (2, 11-14) dice: “ la gracia de Dios se ha manifestado trayendo salvación a todos los hombres enseñándonos que negado la impiedad y los deseos mundanos, vivamos en este mundo, sobria, justa y piadosamente.
“Aguardar la esperanza bienaventurada y la manifestación de la gloria de nuestro Dios y salvador Jesús quien se dio a si mismo por nosotros”.
Ante esta forma de sin sentido de ver la vida de gracia y de la relación con Dios aparece en nuestro horizonte una gran luz, que brilla en medio de la oscuridad. El nacimiento de nuestro Señor JESUCRISTO, que viene a llenarnos de alegría, de amor, de esperanza, de optimismo y de misericordia. Pues su amor y misericordia son infinitos.
Pues la vida de gracia, es la vida en Cristo, es estar siempre en la presencia de Cristo con él y en él. “Que sea el centro de nuestra vida y de nuestras familias”. Y no solamente un Dios del como dicen muchos “un mero recuerdo en la noche de Navidad“ motivo para emborracharse y de hacer fiesta …oportunidad bien aprovechada hasta para los que no creen en Dios pero que en este día, olvidan que Dios es un “fastidio”… o alguien del que “nos acordamos todos los días” para que no nos castigue por portarse mal, como si la religión solo fuera una serie de normas morales.
Estimados hermanos y hermanas es pues esta mentalidad negativa que lleva a no encontrarle sentido a la vida en Dios.
Por lo tanto que el nacimiento del Niño Jesús transforme nuestras vidas y relación con Dios y con los demás. Que pensemos qué hay otros hermanos que sufren y son más pobres y con más necesidades materiales y espirituales que nosotros. Claro que para comprender esto dejémonos llenar de esperanza, de alegría, de paz y amor, por el Niño Jesús. Porque Él ha venido para que tengamos vida y vida en abundancia. En los momentos difíciles, acudamos con fe y llenos de confianza, que él no defrauda a nadie y que por lo contrario nos está esperando para darnos amor y esperanza.
Contemplemos a Dios hecho niño en un humilde pesebre junto con San José y la virgen María y pidamos por todas nuestras familias para qué ha ejemplo de la Sagrada Familia, nos esforcemos por ser mejores y por estrechar a diario lazos de amor, de perdón y de fraternidad tan necesarios en nuestros días para que nadie se sienta sólo o discriminado, pues nuestro Dios vino para salvarnos a todos.
A todos feliz nacimiento del Niño Jesús y que el año que viene también sea de esperanza para todos. Que los compromisos sean compromisos de verdad y no sólo buenas intenciones. Es bueno proponerse algo que se pueda lograr y no cosas imposibles. Pero sobre todo que nuestro mejor compromiso de vida sea de aceptar a Dios y de tener a Dios en nuestras vidas. Pues sin Dios la vida pierde sentido.
Bendiciones, alegría, paz, amor para todos en Navidad y Año Nuevo.
Con afecto padre Francisco Mukul Domínguez.

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