Bajo el título “Un repaso por la vida de Pedro Domingo Luna y Estrada”, el diario Por Esto publicó el viernes pasado la siguiente entrevista que realizó al ex alcalde de Progreso, Pedro Domingo Luna Estrada.

PROGRESO.– Empezó a trabajar a los 11 años de edad como carbonero, después se desempeñó como taxista, fue comandante de la Aduana de Progreso, llegó a ser alcalde del puerto y, finalmente, constituyó una empresa de transporte que tiene actualmente una flotilla de 35 unidades y genera más de 50 empleos.
—Cuando nací, mi linda madre (Amparo Estrada Euán) me comentó después que en ese momento estaba rebuznando un burro en el patio, y que ese fue mi recibimiento; no sé por qué lo dijo, pero creo que fue un rebuzno de la buena suerte, expresó con gran sentido del humor don Pedro Domingo Luna y Estrada, durante una amplia entrevista en su domicilio.
Hombre sencillo y platicador, con apariencia física menor a los 89 años que cumplirá el próximo 21 de mayo, repasó la vasta experiencia que ha tenido en el trabajo, en la política y su vida personal, con la observación de que, si bien ha vivido tiempos difíciles, todo obstáculo es superable cuando se actúa con convicción, esfuerzo y responsabilidad.

Los celos de Loret de Mola

Sentado en un sofá de su modesta sala y mientras su compañera de toda la vida, Martha América Rivas Gamboa, ofrece a los reporteros un plato de frutas, don Pedro Luna muestra a la vez varias fotografías en blanco y negro en las que aparece cuando fue presidente municipal de Progreso y Comandante de la Aduana.
Recordó que, en su período de alcalde 1971-1973, el entonces Gobernador Carlos Loret de Mola no brindaba el apoyo suficiente al municipio y la relación que existía con él no era la mejor, “por el simple hecho de que yo era amigo de Víctor Cervera Pacheco, quien en ese entonces era el alcalde de Mérida”.
Hizo notar la abierta rivalidad política y enemistad que tenía Loret de Mola con Cervera Pacheco, lo que influyó en el trato que el gobernador le dispensó como autoridad municipal de Progreso.
—Era muy celoso Loret de Mola, pero qué le iba yo a hacer, si Cervera Pacheco era mi amigo y, además, siempre fue un caballero y persona derecha y eficiente para resolver todo tipo de problemas que podíamos tener, expuso.
Relató que en una ocasión, cuando estaba en la comisaría de Chuburná, observó una enorme humareda sobre Progreso y de inmediato se trasladó para ver lo que sucedía y, al llegar, encontró que una bodega en la que se almacenaban pacas de fibra de henequén se había incendiado.

Incendio intencional

—De inmediato me comuniqué con el Gobernador Loret de Mola para que me enviara a los bomberos, pero al paso del tiempo nunca llegó la ayuda, así que enseguida le pedí ayuda a Cervera Pacheco y en poco tiempo llegaron los vehículos y los bomberos para sofocar las llamas, añadió.
Dijo que poco tiempo después, el responsable del Sector Naval, de apellido López Braco, le informó que se encontraron unas cinco “bombas incendiarias” en el interior de la bodega, las cuales no se activaron el día del siniestro.
Relató que enseguida se lo comunicó a Loret de Mola pensando que el incendio había sido obra de unos bandidos y, tras rescatar esos artefactos y entregárselos, el gobernador le agradeció que no hubiera hecho público ese descubrimiento para que no se enterara la prensa.
Entonces –observó–, entendí que el incendio de la bodega fue intencional y hecha desde el propio gobierno, porque las pacas estaban en mal estado y ya no servían, pero al gobernador le interesaba que se cobrara el seguro.
Al comentar parte de su vida familiar, dijo que él es el mayor de 10 hermanos y a los 11 años comenzó a trabajar de carbonero, y más adelante se enroló con el gremio de taxistas para desempeñarse como chofer hasta llegar a ser dirigente sindical por un periodo de seis a siete años aproximadamente.

Golpes y al bote

Señaló que, como su papá tenía otra familia, “cuando mi mamá encontraba a la otra señora se agarraban a golpes y en la riña participaban los hijos y algunas veces terminábamos varios en el bote”.
—En una ocasión, en la fiesta de San Telmo, frente a la iglesia, se armaron los golpes y detuvieron a casi toda la familia, pero gracias a un tío que pagó la multa todos quedamos en libertad al poco tiempo, comentó sonriente don Pedro Luna.
Al retomar el tema de su actividad como chofer explicó que un día tuvo un accidente que le ocasionó un grave daño en la mano izquierda, pero que gracias a unos misioneros de Estados Unidos que realizan su labor en Progreso, lo llevaron a la Unión Americana para que lo operaran.
Añadió que estuvo un año en Estados Unidos debido a que comenzó a trabajar en una tienda y taller de reparación de radios.
—El dueño era muy buena persona y me tenía una gran estima por el trabajo que yo realizaba, así que le dije que me quería quedar a vivir allá, pero él me respondió con gran certeza y ahora comprendo que con gran sabiduría, al decirme que sí había trabajo, pero que sería yo como un pez en el estanque, a diferencia de que si regresaba a mi tierra, podría yo ser un pez en el océano, indicó.

Su primer camión

Así que, después de ese año –continuó–, regresé a Progreso y puse una tienda de radios, le metí bicicletas y también fomenté una ferretería.
Observó que, al paso de dos años aproximadamente, compró su primer camión de carga marca Internacional y lo puso en servicio. Para ese tiempo, dijo que su papá le dio la oportunidad para que manejara también parte de sus camiones que administraba.
—Y fue así como poco a poco y con mucho esfuerzo comencé a aumentar la flotilla de camiones hasta tener en la actualidad un total de 35 y que forman parte de la empresa “Transporte de Contenedores Luna”, añadió.
Dijo que la administración de su empresa ya la dejó en manos de sus hijos y ahora se dedica a otras cosas menores para poder descansar un poco.
También hizo notar su formación espiritual al pertenecer a una iglesia presbiteriana, lo que fue posible gracias a que unos vecinos de su mamá invitaron a la familia a convertirse a esa religión, ya que su progenitora era católica.

Labor altruista

Indicó que pertenecer a esa religión ha resultado positivo para su familia, al subrayar que sus hijos se han conducido por el buen camino e incluso el único varón, C.P. Ernesto Gamaliel, tiene el grado en esa iglesia de Anciano Gobernante.
Sus otros hijos son: la antropóloga Eula Esther, la doctora Martha Amparo, la licenciada Greysi Glisel y la contadora pública Karla Ethel.
También relató su labor altruista al señalar que, en la pasada administración municipal de Daniel Zacarías Martínez, le cedió al Ayuntamiento un predio de la calle 31-A, frente al Cementerio General, para que se instale una funeraria que ofreciera servicios gratuitos a la gente de escasos recursos.
Dijo que a la fecha la funeraria municipal, que lleva el nombre de su madre, “Amparo”, ha prestado servicios a más de 500 familias sin cobrarles un solo centavo.
Como presidente municipal de Progreso recordó que logró ampliar el malecón de la calle 24 hasta la 80; construyó el Parque Morelos, se pavimentaron varias calles del puerto y se hizo una limpieza general de una importante zona ubicada a la entrada de la comunidad que servía de basurero y donde había unos tanques y depósitos abandonados.
Agregó que, de igual forma, en su administración municipal compró las primeras siete motocicletas para conformar el primer cuerpo policial con esas herramientas de trabajo.

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