La sangre de la cacerolita de mar, cucaracha marina o “mex”, en maya, contiene un elemento utilizado en la industria biomédica para verificar que los medicamentos y productos inyectables no estén contaminados, manifestó ayer el coordinador de Investigación y Publicaciones de la Universidad Anáhuac-Mayab, Jaime Saldívar Rae.
El investigador yucateco trabaja en un proyecto con el profesor Jack Levin, de la Escuela de Medicina de la Universidad de California, en San Francisco, enfocado en el sistema inmunitario de esa especie, cuyo nombre científico es Limulus polyphemus.
El Dr. Jack Levin impartió ayer una conferencia magistral sobre el tema en la Facultad de Medicina de la Universidad Autónoma de Yucatán.
Subrayó que, lamentablemente, esa especie está amenazada en la Península de Yucatán y actualmente es utilizada de manera ilegal para la pesquería del pulpo.

Mayor investigación

Estamos estudiando esa especie para entender mejor su sistema inmunitario y ver si éste presenta cambios dependiendo del grado de contaminación de las lagunas costeras o de las ciénagas como les llamamos aquí, observó Saldívar Rae.
Explicó que el Dr. Levin es el experto que caracterizó el sistema inmunitario de estos animales y su plática se centró sobre la importancia de la especie para la industria biomédica mundial.
Los descubrimientos del doctor –continuó– llegaron a desarrollar una prueba especial que se utiliza ahora en todo el mundo para verificar que sean seguros para su uso todos los medicamentos que son inyectables, todos los productos que se usan para inyectar, catéteres, agujas, todo el material implantable, sueros y cualquier cosa que vaya a entrar por la vía parenteral; tiene que ser totalmente estéril, tiene que estar libre de contaminación de bacterias.
Agregó que un componente de la sangre de las cacerolas es capaz de detectar muy pequeñas concentraciones de esos contaminantes y se utiliza ahora en la industria farmacéutica mundial para verificar que los medicamentos sean seguros.
—Esta industria está en los Estados Unidos, no la tenemos aquí en Yucatán, nuestras poblaciones están protegidas por ley, porque es una especie en peligro de extinción y ahora lo que estamos tratando de hacer es empezar a generar información sobre la biología de esta especie para entenderla mejor y para empezar a ver si podemos dar los primeros pasos para una utilización racional, primero tenemos que asegurar que la especie se mantenga y, después, ponernos a pensar si puede ser aprovechado de alguna manera, indicó.

Carnada para pulpo

Expuso que un problema que se tiene en Yucatán, en la Península, es que la especie, aunque está protegida por ley, es utilizada de manera ilegal como carnada en la pesquería del pulpo, lo que resulta preocupante porque nuestras poblaciones son de por sí de muy baja abundancia y las personas que están pescando de manera ilegal están concentrándose sobre todo en los animales reproductores. Entonces, cuando sacan a los animales reproductores lo que se hace es poner en riesgo las poblaciones.
Añadió que el marco jurídico tiene todos los elementos para su protección y lo que se necesita es mucha más vigilancia y enfocar sobre todo las labores de vigilancia y de detección de pesca ilegal, de dónde viene el dinero y quiénes justamente están financiando para la compra de grandes cantidades de cacerolitas como carnada de pulpo.
—Las acciones que se han tenido en los últimos años se han concentrado en los pequeños pescadores furtivos, que no son los que realmente están generando el problema fundamental, pero son las personas que pagan más caro y reciben mínimos beneficios, observó.

Mayor conciencia

Lo que necesitamos –resaltó– es más conciencia en la población y necesitamos hacer más visible la especie de la misma manera que son visibles las tortugas marinas, por ejemplo.
Saldívar Rea dijo que la cacerolita es endémica de la costa atlántica de Norteamérica, desde la costa Este de Estados Unidos, la frontera con Canadá, prácticamente hasta la desembocadura del Misisipi, dándole la vuelta a la Florida y en la Península de Yucatán, zona única de México en la que se encuentra la especie.
Señaló que la industria biomédica no afecta a la población de la cacerolita, porque lo que se hace es extraer una pequeña cantidad de sangre de los animales y luego se les devuelve vivos al mar, de tal manera que no es una industria destructiva.
Señaló que esa industria es difícil extenderla en Yucatán, “porque en las condiciones actuales no se ha logrado garantizar que las poblaciones se mantengan viables y porque la especie está protegida ahora y hasta que no aseguremos que hemos logrado viabilizar las poblaciones actuales de la especie no se puede hacer aprovechamiento legal”.

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