Por Enrique Huesca Fernández

El vertiginoso desarrollo tecnológico en el mundo está transformando las formas de producir y consumir, el comercio, los servicios, la cultura y la vida cotidiana a una profundidad y a un paso que es cada vez más difícil de seguir. Sin embargo, hay que hacerlo, pues los riesgos y las consecuencias de quedar a la zaga no pueden ser desestimados.

El desafío para las economías emergentes es doble. Al mismo tiempo, la necesidad de adaptarse al cambio y la de ponerse al corriente, por lo que resulta todavía más apremiante para estos mercados adelantar etapas, a través de una visión y una estrategia audaces. Invertir y trabajar por la construcción de un entramado productivo, institucional y social que nos permita competir al nivel de las grandes potencias mundiales.

Ésa es la lógica de las distintas iniciativas que tienen lugar en todo el mundo para crear ciudades inteligentes, parques tecnológicos y clústeres enfocados a la innovación y el desarrollo. Pareciera una carrera, y lo es. Una ante la cual México no puede quedar al margen, y en la cual tenemos activos y esfuerzos muy importantes en marcha.

Es el caso de lo que está haciendo Yucatán. Una apuesta de futuro que esta entidad ha venido consolidando en las últimas décadas y que el gobierno federal decidió secundar a fondo, con la Zona Económica Especial (ZEE) de Progreso, enfocada en la innovación y desarrollo en tecnologías y servicios de información y comunicación (TIC), como punta de lanza. Para esta zona se ha dispuesto un paquete inédito de estímulos fiscales acordes a las actividades que se pretenden detonar, servicios y eficiencia regulatoria de clase mundial e infraestructura, que dan proyección a las ventajas comparativas del estado y las inversiones que ha hecho en la materia, como sucede con las demás ZEE mexicanas que se han decretado.

En el esquema de las ZEE de México, este proyecto se distingue porque la iniciativa y el impulso que llevó hasta el decreto de declaratoria, emitido por el presidente de la República el pasado 19 de diciembre, surgen de una visión compartida del gobierno y los sectores privado y social yucatecos y, por supuesto, su gran determinación de hacerla realidad.

Convencidos de que la zona de Progreso representa una inyección de vitalidad para la estrategia de innovación de la región sur-sureste de nuestro país, estos actores concibieron una ZEE con una vocación productiva especializada que tuviera como columna vertebral la generación de tecnologías disruptivas y con una incidencia directa en los procesos productivos de todo nuestro país.

Las capacidades instaladas en Yucatán respecto a la generación de un ecosistema de innovación son más que sólidas: una ley de fomento a la innovación, un Sistema de Investigación, Innovación y Desarrollo Tecnológico del estado, que hoy integra a 10 instituciones públicas y dos privadas, un Parque Científico Tecnológico (que concentra centros de investigación, instituciones de educación superior y empresas privadas) y una Secretaría de Investigación, Innovación y Educación Superior.

Así, la entidad actualmente destaca en varios indicadores. Por ejemplo, cuenta con la quinta masa crítica de investigadores más grande del país (2.9 investigadores por cada 10,000 habitantes), 26% de sus estudiantes se concentran en áreas relevantes para la innovación (ciencia, tecnología, matemáticas, ingeniería) y 19% de la población de esta entidad cuenta con estudios universitarios (superando incluso el promedio de la OCDE). Además, alberga la primera universidad especializada en TIC (la Universidad Politécnica de Yucatán).

Con esas bases, y como parte de los estudios técnicos que dieron sustento a la declaratoria de esta Zona, la Autoridad Federal para el Desarrollo de las Zonas Económicas Especiales y sus asesores y aliados estratégicos, como la Canieti, identificaron vocaciones “centrales” (servicios TIC y de innovación) y actividades “complementarias” (manufacturas vitales para el correcto desarrollo de las vocaciones centrales) que acelerarán el proceso de transformación productiva de toda la península.

Ésta es la plataforma sobre la que se monta la ZEE de Progreso, con el conjunto de estímulos, políticas públicas e inversiones públicas que ampara su constitución, amparada legalmente como prioridad del Estado mexicano.

El área de oportunidad es ilimitada, ante un mercado global de software que se estima podría llegar un valor cercano a 900,000 millones de dólares hacia finales de esta década. Se trata de una apuesta estratégica, audaz y disruptiva que seguramente rendirá frutos invaluables para nuestras futuras generaciones.

*Secretario ejecutivo de la Autoridad Federal para el Desarrollo de las ZEE.

Artículo original de El Economista

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