Por Javier Gutiérrez

Dicen que los toros se ven de lejos… Y esta consigna no tuvo una aplicación más contundente en Q. Roo que durante el accidentado sexenio de Beto Borge. Y sí que se le debía de observar de lejos al tipo, y sin ánimo de respingar siquiera, porque te volcaba toda la maquinaria represiva del Estado. “Orejas”, policías políticos, golpeadores y mafiosos te seguían, te copaban y te pegaban a la pared. La pasabas mal. Y si no es así, que me desmientan los periodistas serios.
Los resultados fueron más que evidentes: Pedro Canché Noticias y Luces del Siglo, entre otros espinosos casos no menos agresivos, son la arista más sobresaliente de la represión del gobernante contra los medios de comunicación no afines a las salvajadas, fiestones y demás excesos con que el cozumeleño obsequió a sus mandantes. Y sí que se lo festejaban al tirano y en grande. “Porque sí no eres mi amigo, simplemente eres mi enemigo”.
Al primero lo encarceló cuando se atrevió a protestar por los excesivos pagos por agua potable que, “La Botarga”, –como le apodaban en quedito, con trémula voz baja, en los corrillos políticos al hoy sujeto a la acción procesal– les aplicó a los habitantes de la zona maya, como otros tantos antojos inexplicables, con los que prácticamente jugó durante su mandato, quizás mal asesorado por un séquito de vividores que actualmente huyen por doquier. Pero que eso sí: se llevaron una millonada en su haber.
Para Luces del Siglo el atropello fue mayor: una y otra vez, sus ediciones electrónicas, primero como revista semanal y luego como periódico, fueron “clonadas”, pisoteadas y reformateadas en sus contenidos. Un día criticaban severamente al Gobernador y, al otro día, inexplicablemente te encontrabas con que ese medio ahora se volcaba en elogios y aplausos a su extraña forma de hacer gobierno. Claro está, ya lo habían manipulado y jugueteado por los oficiosos háckers al servicio del borgismo. Con lo que parecía que este medio “ya le había entrado al juego”. Porque una cosa es la publicidad oficial, y otra el chayote, el vivir colgado de la ubre presupuestal.
Sin embargo, otros medios formales, “más serios” y “comprometidos” con los quintanarroenses no hacían ruido. Simple y llanamente publicaban los ponderados alcances de sus programas sociales, algunos que casi rayaban en el histerismo o sacados de la resaca de tantas fiestas con las que acostumbraba premiar a sus seguidores. Pero pobre de aquel que los criticara. Porque el hambre es canija y tienes que llevarte un bocado al estómago.
Claro está que era mejor callar y acatar, para halagar al oído del amo. En consecuencia, una abultada nómina por “servicios publicitarios e informativos” se fue inflando cada vez más, en un escandaloso contubernio con los medios. Pero la grosería mayor fue la repartición de terrenos y otras dádivas, que en su conjunto ya fueron sacadas a la luz como parte de las investigaciones por los desmanes producidos por el mala racha que le pegó al Estado.
Pero lo más decepcionante digo, informativamente hablando, es que aquellas brillantes plumas y micrófonos que cotidianamente beben Kopi-Luwac por las mañanas en la avenida Náder de Cancún y que sorben espumosos tarros de cerveza en las zona de playas en tarde y noches a lo largo de la Riviera Maya son quienes hoy día, irritados alzan la voz, se rasgan cuales fariseos las vestiduras y emiten todo tipo de pronunciamiento detestando las terribles políticas públicas del hoy defenestrado Borge son los mismos que, ayer hacían cola en los cajeros automáticos para disfrutar de las jugosas prebendas con las que fueron premiados por hacer mutis. ¿Será que saben escupir hacia arriba sin que el verdoso flemazo les caiga en la cara? (CONTINUARÁ)

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