Por Mtro. Pedro Bermudez Solís

POR CASUALIDAD Y POR ENCANTO
Es seguro que muchos de nosotros hemos llegado a la cátedra por casualidad o por necesidad. Pocas son ya las vocaciones que nacen del alma en cualquiera de las diversas profesiones del ser humano. En un país donde la necesidad apremia y las oportunidades escasean las veredas del destino son muy curiosas y llamativas.
Sin embargo, desde que mi ser entendió que su vida estaría unida irremediablemente a la educación, algo ocurrió en mi cerebro, que se armó de valor y me dictó una simple sentencia: “El ser maestro no es únicamente en el aula o ante el grupo”. Habrá momentos de cansancio, de tedio, de rutina y de desgaste en la diaria ejecución de nuestras labores. Humanos al fin, con nuestros propios motivos y sueños, que se engarzaron con el deseo de dar algo extra a nuestros alumnos. Un minuto más, un reactivo más, un concurso más, un poemas más, un ejercicio más ¡Un esfuerzo más!
Nunca de manera aritmética sino exponencial. El entender que cualquier acción, por pequeña que sea, repercute directamente en el bienestar de nuestra sociedad. Somos los sembradores nacionales más valiosos que tiene todo estado ¡Los maestros hacen Patria!
DIFERENTE A LAS DEMÁS PROFESIONES.
Sólo semejante quizá a la nobilísima tarea de salvar vidas y curar a las personas, es tan loable nuestra profesión. Es diferente a las demás, puesto que el arquitecto para ser arquitecto necesita un maestro. El abogado para ser abogado necesita a un maestro, el médico para ser médico necesita un maestro. Ese es el secreto del maestro, siempre la humanidad lo va a necesitar. Aunque se hayan inventado los tutoriales electrónicos, que en resumidas cuentas son una serie de pasos o algoritmos que seguir. Donde haya alumnos habrá maestros.
El maestro se muestra no como el simple dador o poseedor de conocimientos. Es un modelo vivo, promueve valores, realiza razonamientos que abren la mente de sus alumnos. El maestro siempre es necesario, en la época que sea y en el camino que se decida seguir, no importa el escenario, puede ser en el río, en la selva o en el risco. Las enseñanzas del maestro son la plomiza voz que pasa de generación en generación, creando mejores arquitectos, abogados o ingenieros ¡Que no lo olviden todos en este día!
HISTÓRICAMENTE UNA TRAGEDIA.
En nuestro municipio vamos hacia atrás. Pareciera que la ignorancia o la inmovilidad se acercan mucho a nosotros mismos. En Progreso la gente lucha a diario por su sustento, son pocos los privilegiados que si quiera guardan ahorros para el mañana. La gente vive al día. Eso no nos debe impedir educarnos y educar a nuestros hijos. Los carpinteros, los pescadores, los albañiles, las amas de casa, los comerciantes, los gobernantes, no importan tanto su labor en cuanto eduquen a sus hijos en la cultura del esfuerzo y de la honestidad. Con valores simples pero primordiales como la bondad, la cooperación y sentimientos como la empatía y la humildad. Los maestros están presentes en primera instancia en casa, para luego proyectar sus enseñanzas de manera indirecta a través de sus hijos en la escuela y en la sociedad.
¿Y EL MAESTRO DISTINGUIDO DE ESTE AÑO?
En realidad nunca existió. Los premios que nos hemos inventado sólo tienen sentido cuando la misma sociedad los postula, los elige y los ratifica al reconocer sus esfuerzos. El maestro distinguido se encuentra en cada uno nosotros que a diario fomentamos, concretamos, promovemos y evaluamos. Enseñar radica en primera instancia en el ejercicio del cerebro con contenidos memorísticos. El que diga lo contrario probablemente nunca haya dado clase. Se complementa con desarrollar habilidades mentales como el análisis, la síntesis, para luego, solo luego realizar relaciones entre lo observado y lo nuevo que nos arrastra al frente la vida. A eso muchos le han llamado competencias, yo le digo expertez.
Aprender es un ciclo eterno que se desarrolla hacia arriba. Con curvas sinuosas que se sobreponen una tras otra. Curvas que al librarse agregan algo a nuestras experiencias. Enseñar es ataviar con andamios esa carretera de diferentes formas, para diferentes alumnos. De tal manera que lleguen por sí mismos a sus propias cúspides. Enseñar es lograr que cada ser humano se parezca más a sí mismo y menos a los otros.
TODOS PUEDEN SER MAESTROS.
Todos pueden ser maestros, pero no todos deben de ser maestros. Se modificó la ley, las personas con licenciatura ´pueden optar por conseguir un nicho de maestro. Esto reconoce el profundo error del estado, al tratar antaño de monopolizar la educación en las escuelas normales del país. La educación es de todos, el derecho de ser maestro es para todos. Que se lo digan a los maestros huérfanos del sistema. A los maestros de todas las escuelas privadas del país, que sin demeritar el trabajo de su contraparte pública, se rompen los sesos por las exigencias que las asociaciones civiles les demandan.
Somos los huérfanos del sistema. No somos maestros, pero si lo somos. No existimos pero si existimos, es la muestra más pura del surrealismo mexicano. Nos no reconocen nuestra labor, no recibimos medallas de plata y fotos con el gobernador. No endosamos cheques por treinta, cuarenta y cincuenta años de servicio. No merecemos ser llamados maestros, porque tenemos una licenciatura, una maestría y quizá hasta un doctorado ¡Que se rompan los esquemas! ¡Urge! Para que el maestro de la Prepa Privada de Ticul o de Peto, para que la Miss de inglés de las escuelas de monjas, existan. Para que no nos quedemos como chinitos viendo a los demás compañeros del estado, con sus prerrogativas y prebendas ¡Que legislen nuestros legisladores!
EL SIGNIFICADO DE EDUCAR.
La educación así como la salvación de nuestra alma, tiene un carácter personal. Sólo después de que la humanidad creció demasiado se le otorgó el señalamiento de masiva y democrática. La educación es para uno y para todos a la vez. Un maestro, un alumno. Admiro al maestro recogiendo estrellas en la orilla del mar, en una inmensidad de playa cubierta de otolitos. Paciencia de recoger una por una las estrellas esparcidas en la arena. Hasta que alguien o él mismo se pregunta si su tarea tiene sentido. Nunca en su vida laboral, dejará de lanzar estrellas al mar.
Cuando en ese maremoto de grupos masificados, logramos distinguir almas nóveles y nos atrevemos a pulirlas antes de devolverlas al océano, nos volvemos a preguntar, ¿haremos alguna diferencia en nuestra labor? ¿Estamos educando a personas malvadas, corruptas o indiferentes? ¿Acaso siquiera educamos futuros seres humanos compasivos, dulces y amorosos? Diferentes almas producen diferentes estrellas, sólo así comprendemos que la educación no es democrática. El maestro es para todos, pero para el alumno el maestro es sólo uno.

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