MÉRIDA.– Hoy se celebran 15 años del paso del huracán Isidoro por Yucatán.

El fenómeno entró a tierras yucatecas por la costa de Telchac con categoría 3 en la escala Saffir-Simpson, vientos sostenidos de 177 kilómetros por hora y rachas que alcanzaron hasta los 220 kph.

Al día siguiente se desplazó a la zona más poblada y de mayor infraestructura industrial y comercial del Estado, dejando graves daños que superaron por mucho los causados en 1988 por “Gilberto”, el llamado “huracán del siglo”, según publica el Diario de Yucatan.

Sin celulares, tabletas, redes sociales, la sociedad pasó varios días de incertidumbre, de compras de pánico, falta de energía eléctrica y calles similares a un “bombardeo”, por la cantidad de cables, árboles, postes y demás objetos que cubrían las calles de la capital yucateca y municipios del interior.

Los recuerdos aún están presentes, para quienes vivieron y padecieron este fenómeno meteorológico, así lo demostraron a quienes entrevistamos para que nos compartieran su experiencia, personajes que en dicha ocasión vivieron de cerca e incluso prestaron sus servicios solidarios a riesgo de sus vidas, para ayudar a quienes fueron afectados.

Las anécdotas brotan de inmediato al preguntarles: ¿Qué es lo primero que te viene a la mente al mencionar la palabra Isidoro?

José Silveira Salas. Bombero de la Secretaría de Seguridad Pública (SSP)

Como departamento de bomberos cumplimos una importante función ante un fenómeno natural como lo fue Isidoro. Lo que escuchábamos en las noticias era que se trataba de un huracán grande y devastador.

Nos habíamos preparado para tener mucha destrucción, muchos incidentes, en ese entonces éramos Secretaría de Protección y Vialidad y por indicaciones del secretario todo el cuerpo de bomberos se acuarteló n distintas bases, por la magnitud del huracán que venía. A mí me enviaron a la base 3 en Ciudad Industrial.

En el transcurso de la noche, cuando ya empezaba lo fuerte de la lluvia, se escuchaban los diferentes servicios que la gente solicitaba. Por ejemplo, predios del primer cuadro de la ciudad que ya empezaban a colapsar, porque son predios antiguos. Teníamos postes y árboles caídos.

Hubo un momento en que el viento ya azotaba muy fuerte y el secretario ordenó que ya no saliera ningún vehículo más, porque ya estábamos en lo peor del huracán y las unidades se quedaron en las bases.

Solo se atendían los servicios relevantes, en Ciudad Industrial nos reportaron que se había derrumbado un predio y que había personas atrapadas, se autorizó la salida de un vehículo, era necesario atravesar un puente, y la fuerza del viento era tal que no nos dejaba avanzar cuando subíamos el puente, el viento empujaba la unidad hacia un costado del puente.

Logramos llegar al fraccionamiento Ciudad Industrial, con mucho trabajo porque estuvimos sorteando árboles, pasando sobre camellones, andando en zigzag hasta llegar al fraccionamiento indicado y vimos que un pretil había caído sobre unas personas, por fortuna no hubo lesiones mayores, había caído sobre dos personas que en ese momento estaban afuera de la casa observando el huracán.

Fue muy complicado salir y volver porque el viento ya estaba muy fuerte y ya había muchos árboles caídos y postes, muchos obstáculos y se quedaron muchos vehículos parados, sobre todo pipas que ya no pudieron seguir avanzando por estar bloqueado el camino.

Al día siguiente, con los primeros rayos del sol, verificamos nuestro sector, teníamos fábrica, bodegas, el viento había abierto portones, láminas, muchas veces tuvimos que entrar a colaborar con los vigilantes y afortunadamente no había lesionados, solo daños materiales.

Tras el huracán, procedimos a despejar de postes y árboles desde el puente de la CFE hasta lo que es el área del aeropuerto y de la ex Coca Cola.

Creo que lo más difícil que pasamos y que nos queda en la mente, fue el ruido del huracán, porque estábamos en una torre al lado del C4, y ahí escuchábamos como los tensores de electricidad zumbaban muy fuerte, el ruido era impresionante, estábamos en una explanada y era un ruido que no podíamos describir, pero sonaba raro y atemorizaba.

También fue muy difícil no tener comunicación con la familia, en esos momentos las comunicaciones se pierden, y en ese entonces no había como ahora, Facebook, internet, redes sociales, solo teníamos el teléfono convencional y si se caían los postes se perdía la comunicación.

A los cuatro días logré llegar a mi casa en Lindavista, afortunadamente todos estaban bien, asustados, pero bien, ya con toda la cultura que traíamos desde el huracán Gilberto, les dejé con agua, comida, lámparas, velas y todo lo necesario para afrontar el huracán.

Recuerdo que en ese entonces a mucha gente el huracán la agarró en la calle, porque pensaron que no iba a llegar. A muchos los agarraron fuera de circunstancias, no previeron que llegara con tanta fuerza, en cambio ahora no, la gente se prepara, se informa.

Por fortuna no hemos vuelto a tener otro huracán, ahora hay edificios más altos en el norte de la ciudad. Antes una casa la veías máximo de tres pisos, ahora vemos edificios de 70 y 80 metros. En esa época el Hyatt era el edificio más alto, mucha gente no creía en la destrucción que podrían ocasionar los huracanes.

A Jorge Alfredo Solís Torre, médico General y voluntario de la Cruz Roja, lo primero que le viene a la mente cuando recuerda el paso de Isidoro por a entidad yucateca es la palabra familia, ello por el conjunto de personas que trabajaron con él día.

En ese entonces (2002), Solís Torre esra coordinador Estatal de Desastres de la Cruz Roja y tenía la responsabilidad de sacar un operativo.

“La gente tenía en la mente que la Cruz Roja lo iba a hacer todo, y recuerdo con claridad todo ese conjunto de jóvenes que ahí estuvieron, que sin necesidad de estarles diciendo vente, se presentaron, gente nueva, alumnos que dijeron “yo quiero trabajar”.

Fue una familia que formamos durante esos seis meses y medio que estuvimos trabajando juntos.

Cuando se presentó Isidoro, teníamos nociones de lo que había que hacer, ya existía la cultura de la prevención, de la protección civil, teníamos algo, pues Gilberto nos dejó enseñanzas

Por el temor de Isidoro fuera otro Gilberto, la gente se preparó más, hubo cosas que se hicieron mal, porque somos humanos y hubo sus errores, hay que reconocerlo, pero sí nos preparamos, aunque al principio veíamos que iba a pasar lejitos, pero al final de cuentas entró directo.

Recuerdo que como coordinador de desastres en aquel entonces, aparte del trabajo normal hacía mis guardias y estaba en una de ellas el día jueves. Estuvimos monitoreando, un huracán te da chance de seguirlo, y eso hacíamos.

Clarito dijimos los que hacíamos guardia: “no entra”, pero ya luego nos dicen que sí y el Sistema Nacional nos pide que estemos alertas porque venía hacia nosotros.

Mi primera acción fue convocar al comité operativo de Cruz Roja del Estado. Convocamos a una reunión el viernes y dijimos que posiblemente entre. Empezamos a ponernos en acción: Desastres, tus evaluadores, juventud, ¿con qué gente cuentas?, voluntarios, cuántos hay, y los asignamos a los centro de acopio.

Empezamos a monitorear en la Cruz Roja del centro, metidos todos en el puesto de comunicación a escuchar que sí viene, nos dijeron que los daños iban a ser por la parte del oriente y fue el sábado por la tarde que nos confirmaron.

Mi función no fue estar todo el tiempo fuera, ellos sí salieron, pero el chiste era tenerlos y organizarlos. Entonces desde el viernes que estábamos conversando en el comité se presentaron los voluntarios, no hubo necesidad de convocarlos, ya después se les hizo un llamado de la cruz Roja.

Solitos venían por lo que escuchaban en la radio o la televisión. Antiguos, nuevos y en capacitación, se reforzaron guardias de paramédicos en la central y el oriente, se pusieron brigadas en espera. En ese momento era escuchar, esperar y coordinarse con la nacional.

Recuerdo que lo crítico fue desde el sábado en la noche que empezó a llover, todo el domingo y hasta la madrugada, pero creo que lo peor fue cuando entró el ojo, porque hubo cosas que no esperábamos.

Para empezar nos dijeron que ya no entraba, que se había desvanecido por Telchac y nada, que se presentó. Todos estaban en sus puestos y el problema se presentó en la delegación oriente, donde teníamos una estructura nueva, donde aunque se reforzaron los cristales, cuando entró todos los cristales volaron.

La gente que fue a solicitar albergue, se estaba mojando y hubo que pasarlos atrás. Una de las primeras acciones de nosotros fue poderlos apoyar y abastecer, aguantar, no se metan a recoger cristales ahorita.

En el centro era donde estaba el centro de mando, nosotros estábamos esperando para poder salir. Las indicaciones eran de que mientras esté el fenómeno no se puede salir, a menos que fuera una emergencia bruta, cercana y segura, porque nos ponemos nosotros mismos en riesgo.

En el momento en que pudimos salir, cuando entró el ojo, no sé si fue lo más exitoso o lo más tonto que pudimos hacer, pero la gente del oriente se estaba mojando, y salimos con un camión y una ambulancia a rescatarlos.

Ese momento nunca se me va a olvidar, porque la comida salió de la casa de los voluntarios, así lo hicimos en casa de mi madre y las demás casas de los voluntarios, pasar por comida un momento y llevarla a la delegación oriente porque no podían moverse, y ya de regreso nos agarra la salida del ojo del huracán.

Avanzar a vuelta de rueda, pero salimos preparados, con un camión adelante y otro atrás. Era un camión que si nos pasaba algo nos podía remolcar, y logramos llegar con bien al centro. La primera semana no pude ir a mi casa.

Por radio nos comunicábamos con la sede nacional, ellos estaban muy pendientes e incluso ya habían salido con un convoy, pero no podían avanzar más, se quedaron por la zona de Campeche.

Solo tuvimos una víctima y no fue de Cruz Roja, fue durante el rescate, no sé qué día fue, porque estuvimos varios días trabajando, fue una persona ajena a Cruz Roja que salió a hacer evaluación de daños, a tomar fotos, no era de la organización, y descarriló con su vehículo.

Muchas cosas cambiaron en mí a partir de ese día, en lo personal, el considerar la calidad humana. Me demostró la sociedad que puedes estar donde tú quieres y sentirte muy fuerte, pero no puedes, y puedes estar en una institución que tú consideras débil y vas a poder con la fortaleza de la comunidad organizada.

Sí algo es real es que este proyecto salió avante durante seis meses gracias a que la comunidad respondió con creces.

Hubo momentos en que ya no teníamos gasolina y hubo en su tráiler que paró a darnos. Hubo gente que nos llevaba su vehículo. Aprendí que la fuerza de la sociedad radica en la unión de los seres y no en la disposición de los seres.

Tienes que escucharlos, eso cambió en mí, estar al frente a mis 28 años, tampoco estaba muy jovencito, aquí no bastaba con dar una orden y que se cumpla, aquí había que hacer convencimiento, pues un grupo de gente preparada es ayuda, pero un grupo de gente asustada es problema.

Durante seis meses no se dejó de proveer ayuda, y habló de ayuda post-desastre, porque las ambulancias no dejaron de girar, la atención se estaba brindando como siempre, la evaluación de daños, el reparto de las despensas, la cocina, ver que la gente regresara a sus comunidades.

Se trabajó con 991 voluntarios internos, gente que está dada de alta en Cruz Roja y no necesariamente de Yucatán, porque vino gente de Cancún, y con 3,129 voluntarios externos. Con más de 4 mil personas manejamos el operativo en Yucatán. Trabajamos con 4,120 personas en seis meses.

Manejamos un total de 320 vehículos, de los cuales 318 fueron externos e internos fueron dos. Una ambulancia asignada y una camionetita que acabamos de ir a buscar, antigua, pero bien que nos sirvió.

Tenemos gente para hacer frente a desastres, paramédicos y voluntarios, porque hay que recordar que cuando se trata de una emergencia o un desastre, primero hay que aguantar, luego atender y evaluar.

Gilberto Arce Medina y José Francisco Canul Kú, son dos antiguos trabajadores de los Servicios Públicos Municipales del Ayuntamiento de Mérida, ellos también vivieron muy de cerca el paso de Isidoro por la Península yucateca y entre sus recuerdos más impactantes fue el destrozo encontrado en la ciudad de Mérida, al salir a limpiarla.

“Parecía que la habían bombardeado, no podías avanzar sin que te toparas con un poste o un árbol, un vehículo a media calle, piedras que salieron no sé de donde, láminas y todo tipo de estructuras que volaron cientos de metros desde su lugar original”, recordó Arce Medina.

Tras de Gilberto ya se habían dado muchos avisos de ciclón y luego pasaban de lado, sin tocar al estado, creo que eso confió un poco a la gente cuando vino el viento de golpe que arrastró todo a su paso.

Si hay algo que de verdad nos impresionó, comentaron los entrevistados, fue ver como el agua había rebasado el Acuaparque, ya no se veían los límites, era como un inmenso lago.

Otro punto crítico igual que recuerdo fue el Parque del Centenario, con árboles caídos y el temor de los vecinos de que se hubieran escapado los animales, sobre todo los peligrosos como leones, tigres o serpientes.

En realidad toda la ciudad estaba hecha un desastre completo y todos ciudadanía y empleados públicos trabajamos muy fuerte para poder liberar las calles de todo tipo de obstáculos, pensando también en cómo la habrían pasado nuestras familias, que por fortuna estaban bien. Fue algo que no se nos olvida.

Texto y fotos DdeY.

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