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29 de Mayo de 2024

Opinión

El enamoramiento: la primera hipótesis del amor

Sin duda hombres y mujeres de todos los tiempos han escrito y conjugado en sus personas el verbo amar. Amar es propicio para todos y por ende debiera ser parte de nuestra naturaleza inherente de ser humano, así como lo es la dignidad de las personas mismas.

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Sin duda hombres y mujeres de todos los tiempos han escrito y conjugado en sus personas el verbo amar. Amar es propicio para todos y por ende debiera ser parte de nuestra naturaleza inherente de ser humano, así como lo es la dignidad de las personas mismas.

Amar es un nudo en el estómago cuando paseamos por los aires. Así lo defino. Es ese pensamiento obsesivo que te hace reencontrarte con tu ser amado en cada instante. La carga emocional es tan penetrante que provoca una alegría  o un sufrimiento poco usual en nosotros. Como diría Platón: el amor es y no es al mismo tiempo, su fuerza surge de su carencia misma. Parafraseando al filósofo griego, sólo amamos aquello que no tenemos, y cuando lo tenemos no lo dejamos de desear.

Pocos saben que los circuitos que llevan al amor también nos llevan al odio. La única diferencia es el sentido de la flecha que nuestro cerebro le pone al camino. La intención, los motivos, las emociones los hacen diferentes; pero la intensidad es la misma. He ahí, entonces, frases tales como “ámame como odian los amantes” o “él que te quiere bien te hará sufrir” y otras tantas.

Pasar mucho tiempo con alguien, es particularmente un motivo para que conozcamos a fondo a esa persona. Conversar o intercambiar nuestros ideales, nuestros sueños y esperanzas a diario son un camino labrado para una futura relación amorosa. Experimentar roles mediante el aprendizaje vicario, es muy probable que nos haga cómplices de aquellos con los que vivimos, sean compañeros de trabajo, ayudantes, pares, subalternos, directivos, amigos, vecinos, esposos, etc.

Sin embargo aún en nuestros cerebros, puede existir la equivocación de mal interpretar las emociones ajenas. El hombre o la mujer pueden y deben hacer ser explícitos ante los demás sus sentimientos. Ese simple detalle nos facilitaría la vida amorosa. Sin embargo esta idea no deja de ser tan sólo eso, una simple opinión. El camino del amor no siempre es llano y sin tropiezos. Nos equivocamos, fallamos, erramos, hacemos el ridículo, “la regamos”. En ese aspecto no siempre nuestros “ser amado”, responderá a ese amor que le intentamos brindar. En ocasiones seremos relegados a padecer soledad, pues socialmente nadie nos enseña a enamorar a los demás.

Enamorar a alguien implica una serie de actitudes y valores que no siempre son ilustrados y pulidos por los padres, por la escuela o demás instituciones. Enamoramiento es la primera etapa de amar. Es una habilidad, y por ende se puede enseñar. Enamorar debiera ser la oportunidad para mostrarnos tal cual, con nuestros defectos y virtudes. Es preciso el desarrollo de esa habilidad la que se vincula con la cantidad  de relaciones afectivas y sustanciales que tengamos a lo largo de nuestra vida.

Enamorar implica prestar atención. Estar abierto a cualquier detalle de importancia y relevancia para la otra persona. Sea una mujer, un hombre, nuestros propios hijos y demás personas que nos rodean. El ser humano en la búsqueda de sí mismo, se determina muchas veces en función de la opinión de los demás, esto los psicólogos le llaman el YO DE ESPEJO. En la vida diaria, un ser humano con un amplio abanico de relaciones sociales positivas, es más apto para  superar cualquier dificultar, evitando de igual manera caer en el círculo de la depresión.

Pero como ya hemos dicho, no siempre se construye o se educa a las siguientes generaciones en la mejor manera de hacer amigos, o consolidar relaciones afectivas sólidas. Incluso la vejez, no es sinónimo de aprendizaje para tal motivo. Es más bien lo contrario. Es fácil disgustarnos, pelearnos, reñir, combatir con nuestros semejantes, que lograr su simpatía. Enamorar, pues, queda relegado a un segundo plano vivencial, que sólo a lo largo de nuestra existencia, por un ejercicio propio de voluntad, de ensayo y de error, se aprende a valorar su importancia.

Afortunados los padres, maestros, directivos y esposos que promueven esta habilidad. La habilidad para crear amigos, logrando también expresar nuestras emociones, cautivando a quien de verdad queremos cautivar. “Enamorar” se vuelve vital en un mundo tan complejo. Cabildear le llamarían los políticos, echar flores dirían los novios, engatusar dirían los sofistas, hacer amigos dirían los niños.

Quizá debiera ser el momento en que la sociedad reconociera para sí misma, el valor de crear vínculos a través de la empatía, en un momento clave de superación personal de sus individuos. Esperar nuestro turno en los juegos, evitar hablar mal de los demás, mantenernos ecuánimes en situaciones conflictivas, evitar decir improperios cuando las emociones nos ganan, ser asertivos pero no violentos, no propagar el chisme. Son tan sólo algunas formas de acercarnos a los demás. Pero ante todo la virtud que debiera reinar siempre es la sinceridad. SER SINCEROS, es el camino más duradero en las relaciones sociales. De poco sirve un sentimiento virulento ahogado en nuestro interior (que posteriormente, probablemente, se reflejará en un desquite hacia un blanco más débil), si este no es expresado en tiempo y forma.

Sin embargo vale la pena señalar que no siempre podemos pensar tan rápido en presencia de los demás. No siempre podemos expresarnos tan expeditamente en todas las circunstancias de nuestra vida. Nuestras palabras, gestos e incluso nuestro raciocinio se ven nublados por las circunstancias. Ya no digamos nuestra capacidad de reflexión y menos nuestra habilidad de espejar las emociones ajenas o reconocer la propias.

Por eso en muchas ocasiones cuando surge un conflicto, cuando no podamos enfrentarlas con las herramientas cognitivas y emocionales respectivas, sería mejor escapar momentáneamente a esa situación. Escapar no significa perder la guerra. Seguramente muchos estadistas compartirían esa idea con un servidor. De igual manera que un ser humano tiene momentos de “alejamiento” los tendrá de “acercamiento”. El famoso “momentus” puede en muchos casos tornarse a nuestro favor, todo si sabemos escabullirnos de lo que para el instante no tenemos una respuesta emocional adecuada.

Por otro lado, existen momentos donde nuestras neuronas se unen, se alinean o se agrupan creando las redes neuronales precisas para los momentos precisos. Dichoso el ser humano que tiene el don de la palabra hasta en aquellos “momentus” donde el nudo gordiano reina en nuestra cuerdas vocales. Hay quien dueño de sí, sin temor y con las palabra exactas, se sorprende incluso a sí mismo, siendo asertivo en el instante exacto.

Al mostrar nuestro amor y mostrar nuestras intenciones, la seguridad es nuestra aliada. Cuando hablamos ante alguna autoridad percibiéndolo como un ser humano igual que nosotros. Cuando presentamos algún proyecto o tarea ante nuestros pares. Cuando nos toca señalar errores o aplaudir aciertos. Cuando nos toca crear amigos y amigas para siempre. La SEGURIDAD ES CLAVE, me podría reír de mí mismo si te sugiriera lo siguiente: Si no tienes seguridad en ti mismo, entonces miente que si la tienes. Las conductas (incluso las actuadas) son el primer eslabón para generan más virtudes.

En el caso anterior, no mentimos para engañar a los demás, sino para acicatearnos a nosotros mismos. Sólo tú mismo te darás las gracias por ello. Te darás las gracias cuando con un golpe de los sentidos de des cuenta que esa habilidad, la habilidad para acercarte a las personas, te ha conducido al amor de alguna de ellas. El amor entonces, es la consecuencia lógica de sabernos aproximar a los demás.

Habrá entonces que completar esa habilidad con un sentido especial para escoger a la persona idónea. No basta con saber acercarnos a los demás, es importante analizar entonces, a quien debemos acercarnos, y a quien no. Ese tema por sí mismo sería propio para cualquier reflexión ulterior.

Como un barco que llega a puerto, así es el primer acercamiento. Reducir la velocidad para no chocar. Prever oleajes, esquivar boyas, sortear mareas, incluso evitar  tormentas y contravientos. Eso es el enamoramiento: LA PRIMERA HIPÓTESIS DEL AMOR. Y por si fuera poco apaciguar al león que llevamos dentro para que se vuelva tierno cordero, con la emociones latiéndole en sus sienes. Cordero capaz de expresar de una vez y para siempre su pasión y ternura. Sentir eso es amar. Como diría Zoé Valdés, escritora cubana, “porque cuando amo, me doy demasiada cuenta de lo que estoy sintiendo”.

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