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12 de Abril de 2024

Opinión

El lugar donde nacen los niños y mueren los hombres

El ser humano está inmerso en la cultura en la que nace, crece y vive. Somos herederos naturales de todos los complejos culturales que nuestros padres, abuelos y ancestros en general nos han depositado. Es la cultura la madre de muchas fortunas y de igual de muchas desgracias.

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El ser humano está inmerso en la cultura en la que nace, crece y vive. Somos herederos naturales de todos los complejos culturales que nuestros padres, abuelos y ancestros en general nos han depositado. Es la cultura la madre de muchas fortunas y de igual de muchas desgracias.

Enculturación se refiere a todo aquello que el ser humano ha desarrollado al paso del tiempo, excluyendo totalmente lo biológico. Nuestra forma de hablar, nuestros utensilios, nuestras costumbres y tradiciones, herramientas, símbolos e incluso imágenes mentales, son inculcados desde temprana edad.

Esto último significa que la cultura se aprende y se enseña. No se transmite a través de la herencia. En ocasiones incluso es de índole inconsciente. Las diferencias entre las culturas más bien tienen que ver con las enseñanzas formales e informales que se reciben, en las diferentes latitudes del mundo dentro de las familias. Marianne Neifert señala: "La familia es la unidad fundamental de la sociedad, así como la raíz de la cultura”.

Las familias son el primer eslabón de los procesos de enculturación de los seres humanos. Nos inculcan formas de pensar, valores, virtudes, groserías, peculiaridades. La familia en cuanto la labor de los padres, es el núcleo primero a través del cual el ser humano se convierte precisamente en ser humano. Como diría la madre Teresa de Calcuta: "¿Qué puedes hacer para promover la paz mundial? Ve a casa y ama a tu familia".

Las familias deben de ser el barco insignia para todos los gobiernos o países que pretendan tener una mejor calidad de vida para sus ciudadanos. Su atención permanente, su protección, su vinculación con las demás instituciones sociales tales como las escuelas, las iglesias, el mismo gobierno, es el sine qua non de un futuro excelente como nación. La familia es el país del corazón.

Perder a nuestras familias con problemas sociales tales como el divorcio, la drogadicción de alguno de sus miembros, el abandono escolar de los hijos, la pérdida del trabajo de alguno de los padres, es un lujo que no nos podemos dar. El desbarajuste social irremediablemente ocurre cuando las familias pierden ese papel socializador prioritario, convirtiéndose para sus miembros en un componente meramente de acompañamiento.

La familia es nuestro primer laboratorio. Donde debiéramos practicar sin temor de ser reprendidos nuestras conductas más sencillas, hasta las más sublimes. Pedir por favor, dar las gracias, saber perdonar, esperar nuestro turno al hablar,  saber conciliar ideas dispares, ser asertivos, generar resiliencia,  evitar la procrastinación, etc. son sólo algunas de tantas recurrentes ideas y conductas que ven su luz primera en las familias. Para Brad Henry "Las familias son la brújula que nos guían. Son la inspiración para llegar a grandes alturas y nuestro consuelo cuando ocasionalmente fallamos.".

Todos los miembros de la familia son importantes. Todas las partes de la familia hacen un todo más grande. Sólo el que pasa tiempo en su soledad puede entender el profundo significado de estar acompañado por gente que te quiere, que te acepta sin importar ningún otro motivo, más que la simple relación de amor.

La familia en México es tan relevante que se ha dedicado un día completo para celebrarla cada semana. La familia es la que está cerca permanentemente. Ante un accidente, ante una desdicha, la familia responde de manera incondicional para solucionar la eventualidad.  De igual forma ante un hecho que festejar, los primeros vítores se relacionan con nuestros vínculos familiares.

La familia también es el recinto donde aprendemos a ser familia. Nuestra familia nuclear formada por nuestros padres y hermanos con el tiempo desemboca en nuestra familia extendida. Nuestros hermanos y hermanas se casan, tenemos sobrinos y sobrinas, tíos y tías, abuelos y abuelas, tío abuelos y tías abuelas, nietos, bisnietos y tataranietos. En México no existe el nido vacío que refiere la literatura psicológica norteamericana. Al menos no en todos los estratos sociales.

Nuestras familias extendidas son tan prolíficas que podemos conocer un pariente nuevo cada día. Y si eso le agregamos la imposibilidad económica de las familias nuevas para conseguir un edificio para habitar, la casa paterna siempre tendrá personas en su interior. He ahí la intención primera de las familias. La creación de nuevas familias.

No estamos del todo exentos de equivocarnos en la formación de nuestras familias al casarnos. Comúnmente el proceso de enamoramiento permite cierta flexibilidad entre sus miembros que posteriormente no es tolerada en la vida matrimonial. Las familias como muchas veces pasa en la vida pueden fracasar. Al buscar un vínculo afectivo no siempre se encuentra a la persona idónea, en mucho, como ya comenté por la enorme cantidad de emociones que ocurren en el noviazgo y que disfrazan la personalidad verdadera de los contrayentes.

Las familias después de una separación o un divorcio pueden y deben reorganizarse. Incluso poder formar otra familia. Con independencia de la decisión que se tome al respecto, seguirá existiendo un vínculo entre los que la crearon para organizarse de manera logística en la crianza de los hijos. Por su puesto, en el ámbito emocional hacia con los hijos los padres seguirán siendo los padres. Los afectos hacia con los hijos a pesar del rompimiento de los padres deben de ser incuestionables.

De ninguna forma los hijos debieran padecer los errores de los padres. Los hijos no debieran ser comprometidos en lo emocional, además de recibir todos los apoyos necesarios para superar sus pérdidas (al menos hasta cierta edad). La percepción positiva de los hijos de padres divorciados, en relación a la creación futura de una familia propia, debe de ser un sustento firme en su educación. El que hayan fracasado sus padres, no significa que fracasarán ellos con sus respectivas parejas.

Se ha encontrado que entre todo ese maremoto que ocurre en el momento de crear una nueva familia, hay un determinante clave para su futuro éxito. La edad en que se contrae el matrimonio es el quid que puede favorecer o desfavorece su éxito. Sin embargo en el ser humano, porque somos precisamente seres humanos, sólo se puede hablar de posibilidades y nunca de leyes.

Al parecer los matrimonios que se contraen en edades inferiores a los 25 años, tienen por los menos un 50% de probabilidad de fracaso. Atempero los matrimonios “maduros” los que ocurren después de una edad en la que los cerebros humanos ya tienen una capacidad emocional mayor,  no siempre están exentos de sufrir descalabros.

La autenticidad, el diálogo, la comunicación son herramientas claves para poder conocer a aquella persona que debiera permanecer a nuestro lado por mucho tiempo en nuestra vida. Es curioso observar a los matrimonios arreglados de muchas culturas orientales. En donde el afecto entre los contrayentes es inexistentes, pues prácticamente en muchas ocasiones las parejas se conocen el mismo día en que se casan.

Para tales matrimonios, en primera instancia se forma un vínculo de amistad entre la pareja al conocerse de a poco, para luego desembocar en un acompañamiento a través de toda la vida. La emoción no tiene ningún objeto en el momento de formarlos, no existe un enamoramiento previo ni necesidad sexual apremiante. Eso viene sólo después. Se hacen esposos, para luego ser amigos y finalmente ser amantes.

En occidente el orden de esos factores suele ser invertido. Primeramente se busca un acercamiento de índole afectivo sexual, para desembocar en una amistad que pudiera converger en un matrimonio. En ambos casos culturales la amistad es importante para su permanencia.

La amistad se forma en los matrimonios cuando se comparten las ideas más íntimas. Nuestros ideales, nuestras esperanzas. Cuando ambas personas están dispuestas a abrir esa parte del corazón que no estarían dispuestas a mostrar en condiciones normales. Intimidad se refiere a ese primer acercamiento de índole afectivo que nos proporciona la confianza necesaria para proseguir en nuestros vínculos amorosos.

Pasión involucra lo sexual, la carga hormonal que despierta tener al ser del otro sexo cerca de nosotros en todos los sentidos. Es la entrega de lo más privado que tenemos. Nuestro propio cuerpo.

Compromiso. Implica Fidelidad. Es aceptar conscientemente que mis intenciones más puras estarán remitidas únicamente hacia una persona. Es el comienzo de un proyecto “juntos” como pareja. Se deja de percibir el YO para convertirse en un NOSOTROS. No siempre es fácil adaptarse o de plano renunciar a aspectos fundamentales de nuestros gustos y preferencias, para lograr en sintonía una nueva forma de ver el mundo.

Amar significa empatar esos tres eslabones completos: Intimidad, pasión y compromiso. El proyecto que como familias prodigamos se desprende de esos tres elementos en conjunto. El resultado de esa unión es un equilibrio a manera de una rueda de carreta que gira bien, gracias a su circunferencia simétrica.

No siempre los matrimonios cuajan a la primera. Las nuevas familias necesitan tiempo para ajustarse entre ellos. Necesitan espacios para entenderse y entender al otro. Este proceso dependiendo de la lógica, preparación, madurez y motivación de los esposos, puede ser muy largo o relativamente corto. Pero sin duda para que el matrimonio funcione no se puede dar por obvio.

Los hijos que nacen pronto en los matrimonios son los que suelen vivir los desajustes más importantes del inicio del mismo. Entre las conciliaciones personales de los propios esposos, tendrán que enfrentar la carga física de cuidar a un bebé, con más estrés, con más acicalamientos y con mucha más inversión de índole económica. Los hijos primogénitos son los que suelen recordar más pleitos y problemas entre sus padres que todos los demás.

Sin embargo creemos que los seres humanos pueden cambiar a la luz de sus experiencias. Ese proceso se llama aprendizaje. Cuando se logra dominar el estrés que provocan las primeras vivencias como esposos y como padres de familia el matrimonio empieza a tomar rumbo. Además, otro  factor clave no es desajustar lo económico con gastos superfluos. Es importante para estos momentos en que la nueva familia ya se percibe así, como un familia, estar pendiente de todo lo relativo a lo financiero.

La llegada del segundo hijo, la incorporación del primogénito a la escuela, las repentinas enfermedades que suelen aparecer, el mantenimiento simple de hogar: electricidad, agua potable, limpieza, etc. suelen cimbrar la economía familiar. Si desde un principio no se cuidó el aspecto económico es precisamente en esta etapa donde muchas familias no continúan estando juntas.

Aunque parezca muy trivial y hasta bastante mundano, cuidar el saneamiento de las finanzas familiares es cuidar la estabilidad de los matrimonios. Al fin las penas y los festejos con pan son más fáciles de solventar. Como reza un proverbio oriental: “Gobierna tu casa y sabrás cuánto cuesta la leña y el arroz”.

La comunicación es la madre de todos los matrimonios. Hablar tratando de usar la razón. Hablar para buscar soluciones desde el inicio de nuestro noviazgo. Hablar con seriedad acerca de la agenda que nos compete como matrimonio y familia. Siempre hay que traer los temas importantes para solucionarlos. Evadirlos no es responsable para nuestra sociedad ni para nuestra familia. En ocasiones las problemáticas no tendrán una solución inmediata o pronta. En otras tantas veces las decisiones tendrán que ser rápidas para evitar daños mayores.

La única forma de saberlo es aplicándonos para tratar nuestros asuntos familiares con seriedad y respeto. Por más triviales, por más sencillos, por más obvios que parezcan, nuestros asuntos familiares deben de atraerse para poderlos madurar y dar una respuesta. Nuestra familia lo vale, pues precisamente por eso es nuestra. Todo lo que hagamos o dejemos de hacer repercute en su beneficio o en su perjuicio.

Terminamos este apartado con una idea de la familia que me gusta recobrar cuando pienso en la mía. Como señala Gilbert Keith Chesterton, escritor inglés de principios del siglo XX. Escritor mejor conocido como G. K. Chesterton y que la historia se ha referido a él como el «príncipe de las paradojas». Pues ¿qué es una familia? ¡Una paradoja de amor!

En relación a la familia cita Chesterton: "El lugar donde nacen los niños y mueren los hombres, donde la libertad y el amor florecen, no es una oficina ni un comercio ni una fábrica. Ahí veo yo la importancia de la familia."

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