El padre Adriano Wong romero

MÉRIDA.– Rodeado de numerosas muestras de cariño de parte de decenas de feligreses de diferentes puntos de Yucatán, así como vecinos de Progreso y sus comisarías, el padre Jacinto Adriano Wong Romero celebró su cumpleaños 99 en la Casa del Sacerdote.
De igual forma, el padre Adriano, quien fue párroco de Progreso durante 17 años, cumplió 66 años al servicio de Dios y del prójimo, ya que fue ordenado sacerdote en 1951 por el entonces Arzobispo Martín Tritschler y Córdova.
A las doce del día, Monseñor Wong Romero ofició la eucaristía acompañado de otros padres de diferentes parroquias de esta capital yucateca y de otros puntos de la Entidad, así como de hermanas y de la madre superiora de la Casa del Sacerdote, según publica el diario Por Esto.
Wong Romero nació en Mérida en 1918. Sus padres fueron Alfonso Wong, originario de Cantón, un pueblito pesquero del Sur de China, y Jacinta Romero Martínez, oriunda de la Ciudad de México.
Desde temprana edad Jacinto Adriano decidió servir al prójimo y a Dios, pero dijo que no fue nada fácil porque había que dejar a un lado a las muchachas.
A sus 99 años de vida está lúcido, aunque le da trabajo permanecer de pie o caminar, por lo que tiene que ser asistido por las hermanas de la Casa del Sacerdote.
Recordó de aquellos momentos cuando estaba en el Seminario y le gustaba jugar al fútbol y el béisbol.
Después de celebrar la eucaristía, el padre agradeció a los presentes haberlo acompañarlo en su aniversario 99 y juntos disfrutaron unas ricas viandas.
El padre Joaquín Vázquez Ávila, párroco de la iglesia de la Ascensión del Señor, recordó algunas experiencias de cuando conoció a Monseñor Wong en el Seminario.
“Las primeras experiencias son cuando somos seminaristas teólogos y él es el vicario fijo de Chicxulub Puerto; ahí desarrolla siempre una labor pastoral social que ha sido siempre su preocupación, de tal manera que él atendía mucho la formación escolar, que los niños no se quedaran sin escuela, también atendía mucho a los pescadores, invitándolos a alejarse del alcohol, a ser responsables con su familia, invitándoles a organizarse y tener sus pequeños grupos de mutualistas y de ayuda para los momentos en que no tenían pesca.
Es un hombre que siempre ha estado preocupado por los pobres, por los necesitados, esa ha sido la característica de él, aparte de que su persona siempre es la humildad y a esto le caracteriza siempre una mente muy lúcida, muy brillante, es amante de los libros, amante de la ciencia, siempre estuvo preocupado por estar actualizado en la teología; él pertenece a ese grupo de sacerdotes que se ordenaron en Mérida en los años 50; entre sus compañeros, estaban el padre Carlos Rosado Contreras, que en paz descanse; el padre Ramón Basteris, también ya fallecido; el padre Heriberto Vargas Góngora y él, el padre Adrián, son los cuatro que se ordenaron en Mérida después de que un tiempo todos salían para estudiar en Montezuma. Un hombre ejemplar que nunca se ha doblegado ante las adversidades.

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